La trazabilidad no es una palabra de marketing cuando controlas toda la cadena, desde la roca hasta el costal cerrado. Y hay una forma objetiva de probarlo: revisando si la composición del mineral se mantiene consistente a través del tiempo.
Tenemos análisis de laboratorio de esta misma veta que van desde 2017 hasta 2020, hechos por distintos laboratorios independientes (PSP, DIFRACLAB, EMSL Analytical). La composición reportada se mantiene estable: SiO2 alrededor de 64-67%, Al2O3 entre 12 y 14%, clinoptilolita como fase mineral dominante en todos los análisis mineralógicos. Esa consistencia, año tras año, es la prueba real de que no estamos mezclando lotes de distinto origen ni vendiendo un material variable bajo la misma etiqueta.
El proceso, paso por paso
- Extracción: el material sale directamente del yacimiento propio, sin intermediarios ni compra a terceros.
- Control de calidad: cada lote se verifica antes de procesar.
- Molienda y cribado: el material se clasifica en las presentaciones de malla que requiere cada cliente, desde 4-6 hasta polvo malla 300.
- Empaque: costales de 25 y 40 kg, súper sacos de 1,200 kg, o entrega a granel, según el volumen del pedido.
Por qué esto importa para un comprador industrial
Cuando un cliente reordena el mismo producto seis meses después, necesita que se comporte igual que el primer lote. Eso solo se puede garantizar cuando existe control real sobre el yacimiento, y se puede demostrar con papel: informes de laboratorio con fecha, folio y cédula profesional del responsable, no una ficha técnica genérica sin respaldo.
